Tiwanaku en el norte de Chile 500 ‐1000 d.C.

(Período Medio o de Influencia Tiwanaku)

Ambiente y Localización

El centro político de Tiwanaku se encontraba en la ciudad del mismo nombre, ubicada en la rivera sur del lago Titicaca, en el altiplano húmedo de Bolivia. La expansión territorial y hegemónica de esta gran civilización andina alcanzó un amplio territorio, que en el norte de Chile incluyó desde el valle de Azapa, en Arica hasta el salar de Atacama. En términos medioambientales, su extenso territorio cubrió desde las enormes llanuras y salares altiplánicos de Bolivia hasta la costa y los valles del sur del Perú y oasis desérticos del norte de Chile.

Economía

Tiwanaku desarrolló una economía agropecuaria de enormes dimensiones. Aunque practicaron el cultivo en andenerías y en grandes depresiones cavadas en el suelo, el fuerte de su agricultura estuvo basado en los camellones o plataformas de cultivo rodeadas de agua, una eficaz respuesta tecnológica para las adversas condiciones del altiplano que les permitió cultivar miles de hectáreas de papas y quínoa. La crianza de camélidos fue también de gran importancia, proveyéndoles de carne, lana y otras materias primas y permitiéndoles mantener un activo tráfico de bienes al usarlas como animales de carga. En Azapa, las comunidades locales cultivaron maíz, camote, frijoles, zapallos, jíquimas y calabazas que enviaban al altiplano a través de caravanas de llamas. En Atacama en cambio, la economía se basó en la actividad minera y en la centralización del tráfico de caravanas, constituyéndose como una activa plaza de intercambio de materias primas y productos manufacturados entre lejanas regiones, incluyendo el altiplano.

Arte

Se piensa que las clases dirigentes de Tiwanaku se legitimaban a través de su iconografía característica, que habría sido diseñada para proclamar y asegurar su hegemonía en los distintos territorios. Los símbolos de poder habrían sido distribuidos en objetos portátiles, promoviendo la participación en esta sociedad a través de imágenes y objetos. Esta iconografía se caracteriza por la representación de una religiosidad chamánica, relacionada al trance producido por el consumo de alucinógenos. En la ciudad de Tiwanaku se encuentran estos motivos tallados en grandes piedras, que luego fueron reproducidos en diversos objetos como finos textiles, en vasos ceremoniales o keros de cerámica o madera y en los artefactos para el consumo de alucinógenos. Junto a ellos, una serie de adornos corporales, collares de malaquita, adornos de oro y los característicos gorros de “cuatro puntas”, formaban parte de las insignias que representaban la adherencia a la ideología del Estado.

Organización Social

La sociedad Tiwanaku se organizaba en clases sociales con una estructura piramidal, con una jerarquía que incluía mandatarios, sacerdotes, administradores, artesanos y una gran masa de campesinos y pastores. En este tiempo, el valle de Azapa era habitado por los grupos Cabuza, una sociedad de agricultores heredera de la tradición Alto Ramírez, que estuvo vinculada al poder de Tiwanaku a través de autoridades o gobernantes locales aunque de menor nivel sociopolìtico que la de este Estado. En los oasis de Atacama en cambio, había una diferenciación social más marcada, donde una élite de atacameños controlaba las relaciones interregionales y el importante tráfico caravanero hacia el centro del imperio.

Culto y Funebria

Al principio la religiosidad Tiwanaku muestra influencias selváticas a través de la importancia del chamanismo, ligado al consumo de alucinógenos. Luego la ritualidad establecida por el Estado fue variando hacia una religiosidad más institucionalizada, cobrando relevancia el consumo de bebidas fermentadas, tal como la chicha de maíz, la que funcionaba como un elemento importante de integración en las relaciones sociales y en los ceremoniales religiosos. En Azapa, la gente Cabuza enterraba a sus muertos en pozos de forma cilíndrica, con el cuerpo flectado y envueltos en elaborados unkus o camisas de lana confeccionados localmente, aunque tardíamente, hacia 800 d.C. aparecen algunas pocas tumbas con textiles mucho más finos y gorros de cuatro puntas de corados de origen Tiwanaku, que sugieren la presencia de inhumaciones de autoridades o funcionarios estatales. Los entierros eran acompañados, además, de vasijas cerámicas, destacando el llamado estilo Cabuza que copia las formas y la iconografía de la alfarería de Tiwanaku. En Atacama se han encontrado tumbas de mineros acompañados de sus herramientas de trabajo, pero destacan las tumbas de la élite atacameña cuyos cuerpos eran ataviados con finas túnicas de manufactura Tiwanaku, junto a una serie de bienes de prestigio , como ornamentos de oro, vasos‐keros de cerámica y finos artefactos para el consumo de alucinógenos, todos objetos importados o decorados con la iconografía de este Estado altiplánico.

Patrón de Asentamiento

El estado altiplánico desarrolló un sistema jerárquico de asentamientos: la capital en Tiwanaku, urbes secundarias para la administración regional, centros de tercer orden para la administración local e infinidad de sitios de cuarto orden para la producción agrícola o ganadera. Los campesinos residían en modestas viviendas de muros de barro y techos de paja, elevadas sobre montículos de tierra diseminados en los campos de cultivo. En Azapa, los agricultores Cabuza vivían de forma similar, construyendo viviendas de planta rectangular, cimientos de piedra y muros de caña y totora, agrupadas en caseríos en torno a los cultivos. Del patrón de asentamiento de las comunidades atacameñas de esta época no se sabe mucho, pero es un hecho que comenzaron a ocuparse masivamente nuevos ayllus en los oasis del salar, probablemente de forma menos aglutinada que en tiempos pre‐Tiwanaku. En ambas, regiones los cementerios se encuentran separados de las habitaciones, constituyendo en algunos grandes agrupaciones de tumbas.

Historia

Los alucinógenos y el chamanismo tuvieron enorme importancia para Tiwanaku y sus primeros contactos a larga distancia habrían estado marcados por este hecho, alcanzando comunidades tan lejanas como las de Atacama, donde estas prácticas ceremoniales ya estaban en uso con anterioridad. Existía un lenguaje ritual común que permitió a los Tiwanaku establecer relaciones de élite a élite, manejando la reciprocidad andina de modo que los señores atacameños eran ataviados de finos regalos y quedaban así obligados a mantener el flujo a Tiwanaku de los bienes minerales que se extraían de esta región. Más tarde, el cambio hacia un nuevo tipo de ceremonialismo habría fortalecido relaciones con otros grupos. Es el caso de los habitantes de Azapa, productores de maíz, donde el consumo de chicha se convirtió en un ritual importante en las relaciones de las las autoridades locales y Tiwanaku, expresado en los vasos‐kero en que se bebía que suelen encontrarse en las tumbas de la población Cabuza.

Tiwanaku ocupó entonces estrategias diferenciales de hegemonía en el norte de Chile. En Azapa tuvo una ingerencia directa que causó un impacto estilístico que cambió especialmente la producción textil y la industria de cerámica local, además que la existencia de sepulturas con individuos que portan elaborados gorros de cuatro puntas Tiwanaku parece demostrar la presencia en Azapa de representantes del Estado. En Atacama en cambio, se establecieron relaciones selectivas con grupos específicos y estratégicos de la población atacameña. El uso de objetos de estilo altiplánico nunca se popularizó sino que, por el contrario, se restringió a ciertos personajes. Hacia el 1000 d.C. se desencadenó el colapso de Tiwanaku, comenzando en el norte de Chile un proceso de reestructuración y resurgimiento político y económico ‐ social de las poblaciones locales , conocido como Período de Desarrollos Regionales.